Teoría

El Taekwondo es más que su significado literal, como “arte de la mano y el pie” en coreano. Es el uso científico del cuerpo para la defensa personal y el camino del cuerpo y la mente hacia el equilibrio y la consecución de la excelencia personal y física para afrontar la vida. El aprendizaje del Tae Kwon-Do implica el trabajo de una cultura moral, más allá de un cuerpo saludable y una mente aguda, y con ello, el trabajo de cinco cualidades reconocidas como virtudes desde tiempos antiguos:

1. Actitud humanitaria, como habilidad de sentir la igualdad con respecto a los demás independientemente de su condición económica, social, intelectual y física.

2. Rectitud, como habilidad de responder frente a las acciones injustas y el ánimo de servir a los demás.

3. Corrección, como el esfuerzo constante por desarrollo adecuado de la personalidad y los valores.

4. Sabiduría, como habilidad de diferenciar lo correcto de lo equivocado, en los demás y en uno mismo o una misma.

5. Actitud confiable, como capacidad de mantener la palabra.

 

La relación entre el alumno y el instructor.

Las enseñanzas de Confucio en el Oriente promovieron un alto sentido de respeto por el maestro. Un viejo proverbio coreano dice: “mi padre y mi madre son quienes me crían y mi maestro es el padre que me educa”. Esto quiere reflejar la importancia de las enseñanzas del maestro en la educación de los alumnos a lo largo del tiempo. En referencia a la educación, el instructor goza de cierta objetividad respecto del alumno, que difícilmente se da en la relación padre-hijo. Esta objetividad se ha de combinar con un grado de entendimiento y amor para promover el desarrollo de alumnos físicamente y mentalmente fuertes, respetuosos y útiles para la sociedad, para construir un mundo más pacífico. Es preciso consignar que la camaradería demasiado extrema con los alumnos, conduce casi siempre a un fracaso más o menos doloroso. Se buscará otra forma de aproximación que no excluya el respeto y la aceptación de inevitables diferencias.

Al alumno no se le debe educar en la obediencia rígida y pasiva, que emana del deseo de dominio por parte del maestro, sino la voluntad de someterse a un orden que sobrepase tanto al maestro como al alumno. La autoridad no es sólo la facultad de conducir, sino, más que ello, el deber de servir al conducido. “Los soldados son tan fuertes como el general que les conduce”, y de la misma manera, los estudiantes sólo pueden sobresalir bajo las enseñanzas de un excelente instructor. Por el contrario, aprender de un instructor no cualificado, puede ser peor que no ser instruido, ya que por ejemplo, cada movimiento no científico, disminuye el poder y se hace difícil de corregir.

El espíritu y la técnica deben enseñarse juntos, por lo tanto el instructor debe combinar las cualidades de un maestro y de un soldado, para formar alumnos de noble carácter y habilidades sobresalientes.